Homilía Dominical

Noviembre 16

Al reunirnos hoy a celebrar la Eucaristía, escuchamos la parábola de un hombre rico que le dió algunas monedas a cada uno de sus sirvientes, antes de irse de viaje.  Mientras estuvo fuera, dos de sus sirvientes tomaron las monedas que habían recibido, las usaron y ganaron el doble. Pero el otro sirviente, enterró sus monedas. Cuando el amo regresó, estaba muy contento con los dos sirvientes que ganaron el doble de monedas, pero estaba muy enojado con el que no hizo nada con lo que el le había dado.       

En la siguiente historia, vemos como un sacerdote sabio de Inglaterra, usó dinero para demostrar, cómo la gente puede tomar lo que le es dado y lo desarrollan.

La historia toma lugar en la parroquia de Santa María en Grundisburgh, Inglaterra.  La gente quería conseguir dinero para la torre de su iglesia, por esa razón, el Vicario de la parroquia, le dió una moneda de una libra a cada uno de los cientos de parroquianos.  El les dijo que tomaran la moneda y que hicieran más dinero con ella.  En seis meses, ellos regresaron lo que habían ganado para el fondo de la campana de la torre de la iglesia.   

Cuando pasaron los seis meses, la gente regresó a la iglesia no solo con el dinero que les habían dado, ¡sino con trece veces más la cantidad inicial!  Los parroquianos fueron mucho más exitosos que los dos hombres en la parábola de Jesús, quienes solo doblaron el dinero.  Durante el servicio del festival de la cosecha, en la iglesia del siglo treceavo, el Vicario reportó lo contento que estaba.     

Los parroquianos encontraron muchas maneras nuevas de hacer crecer la moneda de 1 libra, que les habían dado.  Algunos criaron conejos, pulieron zapatos o vendieron limonada.  Una de las más creativas personas fue la Sra. Elena Taylor, la peluquera local.  Ella compró 1 libra de material para hacer vasijas en el colegio local.  Al reinvertir las ganancias para comprar más material, con el tiempo, ella hizo crecer la moneda de 1 libra en 93.50 libras.

La Sra. Ana Johnson, tomó su moneda de 1 libra y compró ingredientes para dos pasteles.  Con las 6 libras de ganancia que ella obtuvo de esos pasteles, ella hizo una fiesta de té en su jardín, ganando con eso $43 libras.  Cada persona a quien le había sido dada una moneda de 1 libra, tomó el dinero e hizo más, así que el Vicario no tuvo que reprochar a nadie por “enterrar” su moneda como lo hizo el sirviente flojo en la parábola de Jesús.

Ahora, la moral de esta historia no es como llegar a ser pequeños capitalistas.  En lugar de eso, Jesús usó dinero para mostrarnos el principio Cristiano de crecimiento.  En muchas de sus pláticas, escuchamos su visión del Reino de Dios.  En cada una, escuchamos acerca de crecimiento, por ejemplo, el crecimiento de un grano de mostaza a un arbusto gigante, donde los pájaros hacen su hogar y como la masa se levanta gracias a la levadura.

De la historia de Jesús, yo pienso que podemos aprender tres cosas.

Primero, todos los talentos vienen de Dios.  Estos incluyen no solo nuestra familia, amigos y cosas materiales, sino también nuestro entusiasmo, trabajo ético, energía e inteligencia.  Debemos estar agradecidos a Dios por todas nuestras bendiciones, ya que estos talentos vienen de El.

Segundo, debemos tomar los talentos que recibimos y desarrollarlos.  Mucha gente en nuestro país, usa muchos de sus talentos para fundar familias.  Ellos se juntan con otra persona para crear nuevas personas, los crían y alimentan para que sean seres humanos.  Al hacer esto, ellos necesitan usar una increíble gama de talentos que Dios les dió para construir su familia con éxito.

Algunas personas desarrollan sus talentos en sus ocupaciones.  Por ejemplo, la semana pasada, escuché al dueño de la revista Nuestro Estado, conduciendo una junta del Club Rotario de Wilmington.  El habló acerca de cómo el había ido a la escuela para desarrollar sus habilidades de negocios.  Entonces, el pasó muchos años tomando estaciones de radio sin éxito y llevándola al éxito.  Cuando el obtuvo éxito con una estación, el buscaba otra que necesitara sus habilidades.     

Otras personas desarrollan sus talentos a través de sus pasatiempos o trabajo voluntario.  Algunos de los más grandes trabajos de arte, han sido creados de esta manera.  Por ejemplo, la artista Americana, conocida con cariño como Abuela Moisés, no empezó a pintar hasta que estaba en sus 70’s.

Lo importante es que nosotros crezcamos y nos desarrollemos en lugar de estancarnos.      

La tercera cosa que aprendemos acerca de nuestros talentos en la perspectiva de Jesús, es que debemos compartir lo que tenemos con otros.  Por ejemplo, imaginen a una mujer que pasó doce años para ser un cirujano y luego después de terminar su residencia, decide que ya no quiere practicar la medicina.  Que tragedia sería.         

Jesús continuamente nos habla acerca del concepto de la generosidad.  El nos dice que cuando desarrollamos nuestros talentos, debemos compartirlos con los menos afortunados que nosotros.  El también nos dice que entre más los compartimos, seremos más bendecidos.  El dice que, donde está nuestro tesoro, es donde está nuestro corazón.

Al continuar nuestro camino esta semana, sería buen tiempo para echar un vistazo a nuestras vidas.  ¿Cómo le agradezco a Dios por los talentos que me ha dado?  ¿Como estoy desarrollando esos talentos a toda capacidad de mis habilidades?  ¿Cómo estoy compartiendo los frutos de mi labor con otros?

Y estas son las buenas noticias que tengo para ustedes en este Treinta y tres Domingo del Tiempo Ordinario del 2008.